¿Qué significa eso? —Proseguía la voz—.
¿Por qué no sois felices y no sois buenos los unos para con los otros, todos juntos?
Felices y buenos —repetía la Voz—.
En paz, en paz —tembló, descendió hasta convertirse en un susurro y expiró momentáneamente—
¡Oh, cuánto deseo veros felices! —Empezó de nuevo, con ardor—.
¡Cómo deseo que seáis buenos! Por favor, sed buenos y...
Podría seguir con *Mi mundo más feliz* al menos hasta el mes de diciembre; pero temo que el aburrimiento llegue a mi editor y en consecuencia de su cuenta de correo venga a mi bandeja de entrada el veto. Además extenderse tanto me haría olvidar una docena de artículos más que tengo pendientes en el tintero. Y siendo esta la parte más mundana de esta serie es la que más ha debido complicarse; comencemos pues por el principio tal y como debe ser: y aunque retroceder hasta el Hamlet de Shakespeare en la cita inicial de la cuarta entrega (Acto III, escena IV) parecería excesivo, justificaré *mi acto* con estas líneas:
“¿Cuál más digna acción del ánimo, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darles fin con atrevida resistencia? Morir es dormir. ¿No más? ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza? […]Morir es dormir... y tal vez soñar…”
Si echamos un vistazo a las materias primas y métodos de producción de la primera mitad del siglo XX, será fácil darse cuenta de que los cambios en la mayoría de los artículos eran mínimos, la vigencia de un *modelo* era bastante extendida y muchas veces no sufría cambios drásticos en un lapso de tiempo entre 7 y 10 años hasta que nuevas tecnologías o avances notorios estuvieran disponibles, en tanto que, su durabilidad era muy extendida. Al término de la segunda guerra mundial y con una fuerte presión en los mercados por la apertura a la competencia, el inicio de la guerra fría y la espacial encabezada por EU y la URSS, provocaron una mayor movilidad en investigación, y en consecuencia una mayor permeabilidad hacia los mercados de consumo. Por supuesto, con esta carrera en marcha, estos periodos se vuelven cada vez más cortos, especialmente a principios de la década de los 70’s, Si sumamos el desarrollo de tecnologías exponenciales y los beneficios directos al consumidor, el resultado es el llamado *Baby boom* de mediados de esa década [como en el caso de la electrónica, el cómputo y la industria automotriz] tres rubros que hicieron posible [y forzaron] el cambio de plataformas tecnológicas en periodos muy cortos; un ejemplo claro de ello es el desarrollo de las *formas* de hacer y escuchar audio: En tanto que los fonógrafos hicieron su aparición hacia 1870 para dejar paso a su predecesor (el gramófono) en sólo una década, el disco de acetato, con mínimas variaciones fue la plataforma más utilizada hasta principios de los 80’s, y desplazado poco a poco por las cintas magnéticas [Casette] que aparecieron por primera vez en Europa hacia 1965, la convivencia de estas dos plataformas fue de casi 20 años, hasta el momento en que el CD hace su aparición en el mercado hacia el año 1984, con la ventaja de supresión de ruidos provocado por la fricción del cabezal con la cinta, el primer lector óptico; y mientras el disco compacto ganaba terreno en las preferencias del gran público y la tecnología utilizada para los reproductores, llegaron al mercado sin ser muy aceptados [ni difundidos] tres formatos al llegar el año 1991: El DCC [Digital Compact Casette] y el DAT [Digital audio Tape] nuevas generaciones de cinta de alta fidelidad, el primero descontinuado en 1996 y el segundo utilizado actualmente solo en el ámbito profesional. El tercer formato es el MiniDisc, formato *hibrido* de grabación óptico-magnético de compresión de datos [mejor conocidos como Lossy, por la pérdida de datos *audibles* del fichero para aumentar la capacidad de almacenamiento] que tuvo su auge durante no más de un lustro, entre 2001 y 2005, periodo en el que también se introducen al mercado los primeros *quemadores* de CD para audio [semiprofesional] y las primeras versiones para PC [la octava maravilla para nerds, y el primer gran dolor de cabeza serio para la industria discográfica] Sin embargo, el primer antecesor de los formatos digitales de almacenamiento, sigue siendo el más popular, [casi un quinceañero] el MP3.
Desarrollado por el Instituto alemán Fraunhofer entre 1991 y 1995, año en el que es finalmente lanzado de forma comercial tras el perfeccionamiento del sistema de compresión y el registro de patentes correspondiente, y con dos competidores muy cercanos: el de Apple es conocido como AAC [Advanced Audio Coding], así como el WMA [Windows Media Audio] de Windows y el menos conocido Ogg [Nombre derivado de una táctica en un juego llamado Netrek], en esencia todos estos formatos funcionan de la misma forma, por medio de la compresión con pérdida de datos de frecuencias muy altas o muy bajas; lo que afecta de forma directa la calidad del sonido y permite gran capacidad de almacenamiento y accesibilidad de conversión desde fuentes directas, digitales, análogas o desde la Web, en poco espacio [y con menos calidad aún en tasas altas de transferencia]; a diferencia de los formatos lossless [sin pérdida de datos] como las extensiones AIFF [Audio Interchange File Format], RIFF [Resource Interchange File Format] o el conocido y más añejo WAV [Waveform Audio Format].
Tras esta historia llena de terminaciones, se encuentra le punto neural del cierre de esta serie: Lo efímero tras la cultura de consumo o viceversa. El resultado de la guerra de formatos *Físicos* tiene aún al parecer varios caminos para explorar, uno de los más recientes es el sonido llevado de 5.1 a 8.1 canales, que ofrece nuevas atmósferas de audio, en tanto que las plataformas digitales tienen una salida aún no muy cierta en cuanto al desarrollo y mejoramiento de los formatos existentes, el mayor disfrute es para los desarrolladores de reproductores digitales de todas las marcas en sus diferentes rubros: Cómputo, audio, telefonía o video, y claro…el I pod [perdón, gol] una historia peculiar y separada; con tan solo 8 años de existencia y 5 generaciones [además de cuatro modelos por generación] que es hasta el día de hoy es el reproductor de música digital más vendido y copiado en el mundo, uno de los casos más claros de aceleración en el mercado de gadgets para geeks y no tan geeks.
La velocidad a la que se transmite la información ha obligado a la industria discográfica a llevar a cabo nuevas tácticas de comercialización que incluyen además de la recurrente y socorrida nostalgia para los sectores ya establecidos de consumo [juzgue usted, según su edad y preferencias musicales] versiones remasterizadas, atractivos booklets y ediciones con versiones *inéditas* [Ja] de su artista favorito, contenido Web exclusivo, ofertas por tiempo limitado y contenido interactivo que se lanzan con un par de meses de diferencia una de la otra, ocurrencias como el *Dual Disc* versiones en 5.1 en DVD, y más recientemente el Blue Ray y blah blah blah…la pregunta sobre este pequeño ejemplo de lo efímero es la siguiente: ¿Cuánto dura actualmente una canción en las listas del Billboard comparada con el mismo periodo de tiempo hace 20 años? Mientras que escuchar un LP completo en la tienda de discos [física o virtual] ahora lleva solo un par de minutos, gracias a los samples programados para *vender* el producto, de todos ellos ¿Cuantos recuerda de su última visita? La respuesta… anótela en un papel, seguro no llega a más de 10, esta es solamente una pequeña muestra del *Mundo más feliz* que seguimos construyendo para nosotros, a los ojos de Huxley.