domingo, 28 de junio de 2009

La línea de Liliana


“Se podría decir que soy una artista “post-conceptual”, si es que decir eso sirve para algo”

Liliana Porter en México

A partir del tiempo y con el tiempo suficiente para escribir acerca de ello, hace ya bastantes semanas que no tecleo nada acerca de ese ente extraño e incomprensible que llamamos “arte”. Discusión largamente llevada a la mesa con lápiz y papel, cerveza o vino; que al final (y sin importar la herramienta o la sustancia) tiene la mayoría de las veces un desenlace poco o nada satisfactorio, ya que la mayoría de los artistas suelen ser tercos, obtusos al defender su obra y bastante egocéntricos.

Hoy es el turno de Liliana Porter (Buenos Aires 1941) cuyo trabajo se montó recientemente una muestra retrospectiva de más de 30 años de obra. Con el tiempo y el espacio vacuo como “Laif motiff” y una variada en técnica y soluciones estéticas, además de una relación secuencial en torno a su tema central, nos lleva irremediablemente a ciertas preguntas recurrentes que me hago cada vez que estoy de pie frente a una sala llena de “arte” y que en mi opinión deberían de ser consideradas por los visitantes dentro de la sala para incomodidad de muchos; o bien podría tomar una linda tangente y hacer una de esas bonitas reseñas color rosado que se pueden leer por las mañanas en el suplemento cultural del periódico (porque hace tiempo dejó de ser sección fija gracias al poco interés del gran público que prefiere los chismes de tabloide) sin embargo no lo haré, el rosa no es mi fuerte.

Al entrar a la blanca e inmaculada sala del museo, una de esas largas y tradicionales letanías que intentan explicar el contexto de la obra y del artista nos da la bienvenida, y como la mayoría de los textos de este tipo intenta darnos largas justificaciones a la obra expuesta con una narrativa sobre la autora y su obra que en algunos momentos puede restar peso a algunas de las piezas expuestas.

Sabiendo de antemano que la vivencia personal es sin duda uno de los motores de la producción “artística” y del producto -la obra misma- se debe mantener siempre una estrecha relación con la investigación o motivos que le dieron origen, mostrando su raíz estética e histórica con la menor cantidad de argumentaciones anexas para no caer en facilismos ni clichés, es decir, eso es lo que llamamos una obra “plástica” que habla por sí misma.

“Yo pienso que mi obra es femenina. Quizá suene absurdo porque sé que la expresión “femenino” responde a una construcción cultural, que a algunos les hace pensar en algo más suave, en fin, en determinados estereotipos. Pero lo que a mí me parece es que existe una sensibilidad femenina”

El arte es como una caja del tiempo, en la que podemos ver de cerca la relación que en todo momento mantiene la autora con su tierra natal, así como su estancia en México y NY durante un periodo en el que Argentina atravesaba por la crisis del gobierno golpista de Augusto Pinochet. Estos factores deben ser comprendidos como externos -y explicados- para un entendimiento global de la obra en el contexto del propio artista. Es así que a nivel conceptual y material, la obra de Porter muestra diferentes temporalidades en la obra individual dada su herencia multicultural, pero de raíces claras, tal y como lo expresó en esta entrevista realizada en 2005:

“Vos te reivindicás como artista argentina, ¿en dónde residiría tu argentinidad?

–En mi visión, que viene de mis primeros años. Yo creo que las primeras experiencias de la infancia y la adolescencia a una la marcan para siempre. Eso por un lado. También podría suceder que una decida cortar, cambiar de idioma, negar el pasado. Pero no es mi caso: esas primeras etapas están muy vivas en mí. Aunque me encanta vivir en Nueva York y me sienta muy cómoda allá. Sin embargo, al mismo tiempo soy consciente de que soy extranjera, hablo en español. Aunque viviera 300 mil años, muchas cosas no dejarían de recordarme que soy de otro lado. Por otra parte, vengo acá [Buenos Aires] y es rarísimo, como si volviera al pasado. Porque el pasado está intocado, maravilloso, y al mismo tiempo estoy en el presente... ¿Viste que cuando sos chica agarrás un objeto y enseguida te relacionás? Es una cosa inmediata. Pero ya de grande, tenés que pasar por una cosa intelectual. Si analizás cuando un chico está jugando, es impresionante cómo se maneja con metáforas. Igual que hacer arte. Entonces, como que reactivo ese mecanismo que todos alguna vez usamos. Y que de alguna manera lo seguimos haciendo en otros niveles…”

A diferencia del arte efímero –entendiendo así la obra de intervención, instalación, accionismo y performance cuya inmediatez solo congela un instante, y cuya interpretación a nivel histórico se detendría solo en un segundo- la historia narrada a lo largo de estos años es diferente, ya que el resultado va cambiando de interpretación a la par del paso del tiempo con los objetos utilizados, Aún en el exilio:

“Cuando busqué los elementos necesarios, tuve que ir a los negocios que quedan por el lado de Broadway y la 42. Y de golpe me di cuenta de que la gente de ese gremio se parecía tanto a la que rodeaba a mi papá... Una vez, iba por la 42 y vendían ese cosito con pizarra donde se anota cada toma, y lo compré. Estaba superemocionada, pensaba: qué increíble, estoy haciendo cine”

Como claro ejemplo del uso “Reconstrucción” mantiene un discurso formal y visual que alude sin recatos a la deconstrucción espacio – temporal del objeto, en la que el título se vuelve fundamental para el entendimiento de este juego establecido por la autora y el tiempo transcurrido, que solo puede ser apreciado cuando observamos con cuidado cada uno de los objetos expuestos, y la historia particular que cada uno de ellos representa, en su contexto natural [usualmente Argentina] y la plasticidad que le otorga el transcurso del tiempo.

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