Después de dos semanas de sol, moscos y un calor bastante intolerable, recibí un mail de esos que le hacen a uno levantar el ánimo, una de las producciones a mi cargo vía *mi jefa* (Brrrr) reconoce mi labor detrás de cámara, cosa que me sorprende un poco sobre todo por el hecho de que mi trabajo siempre se ve a cuadro, pero a poca gente le importa quien lo realiza. No tengo idea de cuantos se ocupan de leer los créditos (yo mismo no lo hago, así que asumo que no son muchos, y tampoco conozco mucha gente que lo haga) pero eso nos desvía un poco del tema inicial: El expediente Tlacotalpan y anexos.
Me enviaron hace un par de semanas a la última locación de “Verano de amor” en su espectacular cierre (ja ja) disfrutable en pantalla gigante instalada dentro de un teatro de cuyo nombre no me acuerdo, y por cierto el único en Tlacotalpan, porque el cine lo cerraron gracias a la piratería local; evento al que asistió la crema y nata del mencionado pueblo con todos sus agregados, y donde para mí lo más impresionante sigue siendo el *gruppie way of life* cosa que no entiendo, nunca entendí y nunca entenderé. *Niñas* y *Niños* no tan niños, no tan niñas y no necesariamente del género mencionado esperando al elenco durante horas en la entrada del hotel, asoleándose para ver las grabaciones y tener 30 segundos de atención de parte de alguno de los actores y un autógrafo que esta tan repetido y estudiado que no tiene errores (salvo cuando el artista en cuestión no esta familiarizado con el nombre del solicitante).
El caso más escandaloso y que en mi humilde opinión merece el reconocimiento más alto a la perdida de tiempo corresponde a una española y una rumana que cruzaron el charco con la idea de pasar unas lindas vacaciones en el D.F. y que cambiaron su itinerario en el mes de marzo (en cual también estuve presente en Tlacotalpan) para contemplar, seguir y perseguir a Dulce María durante las grabaciones al enterarse de dicho evento, dejando al menos dos semanas enteras de su vida en el estado de Fidel Herrera para presenciar a Dulce al menos 10 minutos por día. Aquí la interpelada en los brazos de Morfeo, a falta de galán en turno.
Y como no hay mucho más que escribir al respecto, y solamente me queda como material de redacción la indiscreción propia de los chismes al interior de la producción, que son tema extenso también y de los cuales me ocuparé en otro momento; solo mencionaré que para algunos de los colaboradores directos e indirectos de Pedro Damian si fue un *Verano de amor* con personajes locales e importados de las cercanías; affairs de una noche o más, en menos de 240 capítulos y con dos promesas de boda en pie que veremos si se cumplen.
Por el momento ya les dejé algunas de las estampas obtenidas *behind the scene* para hacer el día más agradable a los fans, irritar a los no fans, y dejar huella de mi presencia en ese lugar como agregado cultural.
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